¿cuánto hace que no juegas?

La primera respuesta que se nos aparece a muchos en la cabeza es que desde que éramos pequeños, aunque luego igual nos acordamos de ese juego de móvil, o de ordenador, al que nos hemos enganchado un poco. Pero ese juego no vale, porque yo estoy preguntando por jugar-jugar, como los niños. Y es que cuando los niños jugan, están absortos en el juego, con una sonrisa en la cara, más o menos grande según la concentración que exija el juego concreto, pero contentos, disfrutando sin darse cuenta de cómo pasa el tiempo. Y jugar en el móvil o en el ordenador sólo se parece en que no nos damos cuenta de cómo se nos ha ido el tiempo. No tenemos una sonrisa en la cara, sino que más bien estamos concentrados y enfurruñados. Concentrados, pero no absortos, porque en realidad estamos pensando en la lista de cosas que deberíamos estar haciendo, preparando, comprando… Entretenidos, pero no disfrutando.

Y yo quiero hablar de jugar-jugar. De cuando disfrutábamos con el juego, de cuando ese tiempo era sólo para jugar y siempre había sido corto. De cuando el juego lo decidíamos nosotros, o nuestros amigos, o entre todos e incluso un día le cambiábamos las reglas, y sólo proponer nuevas reglas ya era un juego. De cuando nos tirábamos por el suelo, nos inventábamos los juegos, cambiábamos la función de los juguetes, los disfrutábamos en compañía, nos reíamos jugando y si era de competición, ya nos lamentaríamos si nos tocaba perder, pero mientras jugábamos, jugábamos, disfrutábamos.

En el fondo ya sé la respuesta: ya no jugamos porque somos adultos, porque nos hemos convertido en personas serias y ocupadas, como aspirábamos a ser, como se esperaba de nosotros, y ya no tenemos tiempo para jugar. Porque tenemos muchas cosas que hacer, más de las que somo capaces de abordar en las 24 horas del día, y cuando nos sobra algo de tiempo, estamos tan cansados que sólo queremos tirarnos en el sofá y no estamos para jueguecitos.

Pero por eso escribo este artículo en verano, porque quien más y quien menos tiene algunas vacaciones, tiene horario de mañana, tiene niños sin cole que quieren jugar…

Así que en vez de hablar de mejorar la eficiencia, la productividad, la concentración, la autoestima, en vez de proponer entrenar la actitud positiva, la motivación…yo hoy voy a proponer jugar.

Y a los que crean que haría mejor en tratar otros temas más útiles para la vida adulta moderna, les dedico este párrafo, porque aunque suene infantil, jugar tiene muchas ventajas: jugar es un ensayo en el que se aprende sobre la vida, además estar absorto jugando favorece la capacidad de concentración, es entrenar el estado de flow, de fluir, que es ese estado en que uno está completamente atento a la tarea, concentrado, con el tiempo que pasa volando, estado que es relativamente fácil de alcanzar con el juego, con alguna actividad creativa, con el deporte… pero que a menudo cuesta llevar a otras actividades, como el trabajo, para lo que viene muy bien acostumbrarse a estar así, en el aquí y ahora, a una sola actividad. Además,  jugar e imaginar posibilidades, reglas, situaciones, favorece la creatividad, la resolución de problemas, jugar y disfrutarlo favorece las emociones placenteras, lo que favorece entrar en el círculo virtuoso de que cada vez tengamos más emociones alegres. Y por si fuera poco, jugar físicamente, moviéndonos, nos hace conectar con el cuerpo, conocer nuestros límites, respetarlos o superarlos, y cuando nos toca perder, o caernos, en algún juego o deporte más atrevido, aprendemos a negociar con nuestros miedos y a veces a dejarlos atrás. Y si se puede hacer al aire libre, mejor que mejor.

Así que puede ser buena idea pasar el verano jugando, y aquí en sentido amplio, a cualquier juego o deporte, vale también cantar o bailar, pintar, contar cuentos o escribirlos en un blog, jugar a construcciones y al lego y, por supuesto… el sexo, otro gran juego en el que dejarse llevar y usar la imaginación, por algo a sus accesorios les llaman juguetes.

A jugar mucho.

 

Anuncios