la asertividad, cómo expresar lo que opinas

Todos hemos oído hablar de esta palabra, pero nos cuesta saber qué significa. Normal, nuestra sociedad, nuestra cultura, no la favorece. Se considera de buena educación decir la primera vez que no cuando te ofrecen algo, aunque lo quieras, porque ya te insistirán, y «no se puede» decir que no al jefe, y no hablemos de lo bonito que es que tu pareja, o tus amigos íntimos, te entiendan sin hablar. Que será bonito, pero de asertividad tiene poco.

Y ¿qué es la asertividad? Pues es expresar lo que quieres, lo que te viene bien, lo que crees que es justo, lo que tienes derecho o lo que necesitas, de una manera directa, calmada y firme. Sin ser agresivo y sin ser pasivo, ni pasivo-agresivo. Coordinando comunicación verbal y no verbal, es importante tanto lo que se dice, como el cómo se dice: tono de voz, gesto de la cara, postura corporal…

A veces, confundimos ser asertivos con ser peleones o decir todo lo que pensamos, o nos cuesta aceptar la asertividad de otros y nos enfadamos cuando nos dicen que no.

Otras, lo confundimos con agradar, y no actuamos de manera asertiva por miedo a parecer o a sentirnos egoístas. Y así, no decimos a los demás, ni a nuestros amigos, lo que queremos o lo que necesitamos. Lo que a menudo nos provoca que después, en lugar del egoísmo, nos escudemos en la autocompasión y la crítica: nadie nos comprende, Mengano es un egoísta, ya se podía haber dado cuenta de que yo estaba mal, y necesitaba estar con mi gente, pero no se preocupa por mí, sólo va a lo suyo… Y al final, nos sentimos peor que si lo hubiésemos dicho, con la disculpa de que fue el otro quien no lo hizo bien.

Otras veces, sólo somos «asertivos» cuando ya estamos muy enfadados, porque cuando alguien ha pasado lo que consideramos el límite, no se lo decimos, esperamos a que lo haya hecho muchas veces. Que en sí mismo, no es un problema, incluso puede ser que la primera vez haya sido un malentendido. Lo que sí es un problema es que, cuando hablemos, ya estemos enfadados, porque entonces estamos siendo agresivos, y no asertivos, y así es menos probable que la persona de enfrente acepte nuestro razonamiento o petición. (Es posible que hayamos sido agresivos sin querer, que el enfado que teníamos lo hayamos mostrado en la postura, en el tono… O, también, que haya personas, o situaciones en las que a cualquiera nos pase, a las que les resulte difícil ser directamente agresivas, porque no se atrevan, por educación… pero hay que recordar que, por debajo estamos enfadados, y la manera pasivo-agresiva puede molestar también a la otra persona y tampoco es asertiva).

Y ser asertivo es fácil, y mucho más sencillo que no serlo y esperar a que los demás adivinen mi humor o mis preocupaciones. Por ejemplo, en el campo de la asertividad, las indirectas o insinuaciones, no existen. Ni decirlas, ni jugar a interpretar las de los demás.

Tampoco vale la ironía, que es una forma de agresividad. Ni usar un tono de queja, aunque sea con una frase neutra.

Y no hay que olvidar se puede decir lo que quieres y, al mismo tiempo, sonreír.

¿A ti, qué es lo que más te costaría decir asertivamente? ¿Decir no? ¿Proponerles a tus amigos el bar que a ti te gusta? ¿Llamar la atención a alguien que, por ejemplo, se te ha colado?

En función de eso, puedes escoger el terreno donde practicarla. Por ejemplo, prueba a abandonar durante unos días el «me da igual, lo que vosotros digáis» (o resérvalo exclusivamente para asuntos que no te importen nada, absolutamente nada).

Con los amigos, por ejemplo, se pueden decir frases claras, del estilo a: a mí me gustaría quedar en tal sitio. En ese bar paso frío. Esta semana no voy a quedar, voy a dedicar mi tiempo libre a hacer X (otra cosa).

Si encima se acompaña de una propuesta alternativa que combine lo que uno quiere con lo que quiere el otro, se consiguen muchos síes, y has propuesto lo que quieres y la mayoría de la gente, se lo toma bien.

También se puede practicar con desconocidos: prueba en las tiendas, a preguntar al vendedor y luego decirle que no te lo vas a llevar o darle tu opinión (no me gusta el color, me parece caro…)

Porque la asertividad, como todo, es cuestión de práctica. Y cuando descubras que consigues más cosas, que haces menos cosas por obligación y que te enfadas menos y se enfadan menos contigo, vamos, que estás más a gusto, te resultará muy fácil seguir siendo asertivo.

 

El próximo miércoles doy un taller en gestión de conflictos, donde uno de los aspectos clave será la asertividad y se harán varias dinámicas para practicar. Para reservar plaza puedes escribirme a mcasaresg@gmail.com
2015 01 21 cartel conflicto

 

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