Pero ser perfeccionista no es grave, ¿no?

Yo es que soy un poco perfeccionista, ¿tú también dices a veces esto? Es un buen motivo para tardar algo más con una tarea y, además, no quedamos mal, ¿no? Porque ser perfeccionista no es del todo un defecto.

O eso pensamos cuando en una entrevista de trabajo nos preguntan por nuestros defectos y es lo primero que nos viene a la mente: digo que soy perfeccionista, porque es un defecto, pero no van a dejar de contratarme por ello, porque no lo es tanto, porque realmente está bien visto. A día de hoy, el consejo es no contestar nunca eso, puesto que se ha convertido en un tópico, no suena creíble. Pero, al margen de las entrevistas, ¿ser perfeccionista es malo o no lo es tanto?

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Yo estoy cada vez más convencida de lo primero, de que no tiene ninguna ventaja. Y no tanto por la falsa excusa, o falsa modestia que muestra alguien cuando lo dice, sino por el daño que nos hace creer que debemos ser perfectos y, ya que sabemos que no es del todo posible, pues por lo menos debemos ser perfeccionistas.

Yo creo firmemente en el cambio y en que todo el mundo puede alcanzar sus objetivos, entre otras cosas, por eso trabajo como coach. Así que sí creo que se puede aspirar a mejorar, como persona o en la vida. Eso sí, sin necesidad de tener que ser perfectos y ni siquiera de tener que aspirar a la perfección.

Perdemos muchas energías queriendo esconder y corregir nuestros defectos. Estamos mucho más acostumbrados a que nos critiquen por lo que no hacemos bien que a que nos feliciten por lo sí, y lo mismo hacemos con los demás. Nos resulta mucho más fácil ver defectos y problemas que fortalezas o ventajas, tanto en los demás como en nosotros mismos. Y así nos va.

Cuando en realidad, conseguir nuestros objetivos no depende tanto de pulir defectos como de sacar partido a lo que sí hacemos bien y disfrutamos haciendo. Es útil conocer nuestros defectos, aunque rara vez para cambiarlos, en general es sólo para tenerlos controlados, para poder delegar tareas, para saber en qué pedir ayuda… Es como los riesgos de alguna actividad, están ahí, siempre van a existir, no podemos eliminarlos por completo, pero sí hay que saber cuáles son, tomar medidas para evitarlos y verificar cada cierto tiempo qué está pasando con ellos, en vez de ignorarlos y que cuando suceda algo nos pille desprevenidos.

Pues con el perfeccionismo pasa algo parecido, es imposible que hagamos todas las tareas perfectas. Por ejemplo para el trabajo, claro que puedo releer los documentos 40 veces y media para comprobar que todo está correctamente explicado, ilustrado, documentado y sin ningún fallo de ortografía ni de puntuación, pero ¿han merecido la pena los cambios de la lectura 39? ¿o han supuesto más pérdida de tiempo que mejora del documento? Si hubiese parado tras la tercera lectura, ¿qué habría cambiado en el documento y a qué otras cosas habría dedicado ese tiempo?

Ya que el día no es infinito, ni nuestra vida, ni los plazos del trabajo, ¿a qué quiero dedicar mi tiempo? Por supuesto que aspirar a la calidad, a la belleza y a la precisión son motivos estupendos, pero ¿tras esas revisiones exhaustivas no se esconderá algún miedo a lo que los demás piensen de mí si se me ha pasado una falta de ortografía? ¿o a lo que pensaré de mí misma si la veo unos días después?

Creo que nuestro perfeccionismo está ligado a que creemos, erróneamente, que nuestra autoestima debe ir ligada a lo que somos y lo que conseguimos, cuando no es así. Cómo no vamos a creer eso, si de los demás decimos: le quiero mucho porque es XXX… Pues a nosotros igual, si no somos de tal o cual manera no nos queremos. Y de nuevo, así nos va…

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Mi amor por mí misma no debería depender de mis cualidades ni de mis éxitos, debería ser incondicional por el hecho de existir, de ser persona, de ser yo. Y desde ese primer paso, podría ser extensible al resto de personas, a los tú, ellos y ellas.

Y si no depende de mis éxitos, tampoco debería depender de fracasos, ni de mis defectos, ni de lo bien o mal que los esconda. Ni de las críticas o halagos de los demás. Ni de mi aspecto físico o mi intelecto.

Vamos a tener defectos y se van a ver, igual que hay riesgos en la vida que no se pueden eliminar. Y otra obviedad, si nos queremos a nosotros mismos, vamos a vivir mucho más felices. Y si dedicamos el tiempo a cosas útiles y que nos gustan, también.

Así que creo que podríamos desterrar el halo que le hemos puesto al perfeccionismo y cambiar todo afán de perfección por querernos y mimarnos, con nuestras cualidades y con nuestros defectos. Y no, no vale quererse a pesar de los defectos, lo reconfortante es quererse y querer a los defectos, porque ellos también nos han ayudado a estar donde estamos, a pasar por las etapas de nuestra vida, a ser quien somos.

Pero bueno, es sólo mi opinión y es opcional, al fin y al cabo puede que el perfeccionismo no sea más que otro defecto al que querer.

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Desengáñate, no eres libre

Hace poco, llamé cobarde a un amigo: estaba diciendo que esta vida es así, que ni la elegimos ni somos libres, así que cuanto antes lo asumiésemos mejor. Más concretamente, estaba contando que eso era lo que le había dicho a su sobrina de 14 años cuando se quejó de algo que le parecía injusto y contó lo que quería hacer en la vida.
Y él le respondió con la mejor intención, para que esa adolescente lo asumiese cuanto antes y así pudiese no perder el tiempo y no indignarse con injusticias que no iba a poder cambiar y que no deberían ocupar su mente.
En cambio yo, si bien creo que necesitamos una dosis de aceptación para la vida, para asumir que los imprevistos suceden, que hay dolor en el mundo y que nadie nos puede librar de sentir tristeza o miedo de vez en cuando, también creo que es tan necesaria o más una dosis de ilusión, de pensar en cómo nos gustaría que fuesen las cosas, de creer en un mundo mejor y en lo que vamos a hacer para conseguirlo.
Así que le llamé cobarde. No con intención de ofender, pero sí con intención de desconcertarle, de provocar el debate. Llamarle determinista, más exacto y neutro, no habría servido.
Asumir que en el mundo poco podemos hacer, que la vida nos pasa por delante, que no tenemos elección… es una postura muy cómoda para no ser infeliz. Si es que no puedo hacer nada, si no consigo nada es porque la vida es dura, no es culpa mía, la vida es así.
Pero… no ser infeliz no significa ser feliz, que algo no sea negro, no significa que sea blanco.
Y podemos hacer muchas, muchas cosas: desde gestos pequeñitos que nos cambian la actitud y la energía, hasta acciones reflexionadas y que alargamos durante el tiempo para mejorar aspectos de nuestra vida (personales, profesionales, de relaciones…) Y creo que estas cosas sí nos van a hacer felices aunque para cada uno de nosotros serán cosas diferentes.
Reconozco que toda esta discusión puede ser en vano,  que esto puede ser un dilema estéril: todos podemos pensar como queramos y nadie nos debería obligar a cambiar… si somos libres, claro. Si no lo somos, como él defiende, tampoco se es libre para elegir el pensamiento.
Y además, la vida nos va a dar la razón a los dos: yo que pienso que puedo cambiar cosas, actúo y hago que mi vida evolucione; él piensa que no puede cambiar nada, no actúa y la vida sucede. Pues teníamos razón.
Así que quizás, esto se reduzca a qué preferimos creer. O también a qué forma de pensar queremos contagiar al mundo.

Yo lo tengo claro, no quiero convencer a nadie de que no se ilusione, de que se conforme. No quiero ser el origen de que alguien no ponga en juego sus esperanzas, su talento y sus ideas para un mundo mejor. Muy al contrario, prefiero cargar con un poco de la responsabilidad de una frustración pasajera porque algo se torció, si eso supone que las personas que me rodean se atreven a imaginar, a desear, a ilusionarse, a actuar, a ser diferentes, a ser ellos, a comerse el mundo. Porque la felicidad será de los valientes.

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Taller de gestión del estrés

Gestión del estrés o cómo fomentar la resiliencia

Realizo el jueves 19 de mayo un taller grupal sobre la gestión diaria de las situaciones estresantes , mediante la práctica de estrategias de afrontamiento del estrés y de aumento de la resiliencia.

Éste es el programa que veremos en el taller:
1)Definición del estrés y de los principales estresores laborales.
2)Definición de la resiliencia.
3)Principales estrategias frente al estrés.
4)Técnicas de formento de la resiliencia.
5)Aplicaciones prácticas en el día a día.

Este taller te permitirá soltar la presión de tu día a día y te contaremos las herramientas para que puedas hacer frente ante inputs de estrés adaptados a tu personalidad.

No dejes que la acumulación de estrés te pase factura y ven a ver cómo es fácil gestionar las diversas facetas de nuestra vida.

Taller en colaboración con best-teacher formación, puedes inscribirte aquí: https://www.eventbrite.es/e/entradas-gestion-del-estres-como-fomentar-la-resiliencia-25089580611

¿Quieres tener superpoderes?

Si piensas que los superhéroes o los superpoderes no existen, si no tienes ninguna intención de creer en la magia… puedes seguir leyendo, porque este artículo va, principalmente, de ciencia.
La investigación científica ha demostrado (una parte de) cómo las emociones interrelacionan con la posición y la expresión corporal. Conseguir un sentimiento de confianza y de poder es tan fácil como hacer magia: consiste aprender el truco y practicarlo, practicarlo y practicarlo hasta que salga natural.
Éste es el truco: como te sientes por dentro, como te muestras por fuera. Si tu postura es de confianza, así son tus emociones y pensamientos, si es de inseguridad, lo mismo.
Con lo cual, el superpoder que te hará tener más éxito, más seguridad y confianza en ti, y más fuerza, es colocarte en la postura de superhéroe durante dos minutos.
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Tras esos dos minutos, se ha demostrado que descienden tus niveles de cortisol  (asociados al estrés) y aumentan tus niveles de testosterona (asociados al poder). Es decir, te sientes dominante, convincente, fuerte, en vez de con ansiedad, estrés o angustia. Tu postura le dice a tu cuerpo cómo se tiene que sentir y a tu cerebro cómo tiene que pensar.
Este superpoder se puede utilizar para conseguir más tranquilidad y mejores resultados en cualquier situación de las que nos suelen costar, ya sea un examen, una entrevista de trabajo, una cita, una exposición en una reunión…
También sirve la postura del éxito o cualquier posición en la que estemos con una postura abierta, ocupando nuestro espacio, con la espalda recta y los brazos y las piernas estirados, expandidos. Puedes acompañar la postura con la expresión de la cara: sonriendo y mirando de frente, ligeramente hacia arriba.
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Es decir, justo lo contrario de la postura que solemos usar para esperar: cerrada, con las piernas cruzadas, los brazos también, encogidos sobre nosotros mismos, como si estuviésemos protegiéndonos, defendiéndonos ¿de quién?. Pues eso es lo que le estamos diciendo al cuerpo, que no tenemos confianza, que necesitamos protección, y así serán nuestras emociones y pensamientos.
Puedes cambiar todo esto, sólo con el cambio de la postura. Y no sólo cambia tu cerebro, tus hormonas y tus percepciones, sino que también cambia la imagen que transmites, y tus probabilidades de éxito.
Por último, ahora que tienes un superpoder que te permite ganar fuerza y confianza, te recuerdo que un gran poder siempre conlleva una gran responsabilidad: debes usar tu superpoder para el bien, es decir, para ser más feliz. Úsalo, repítelo, vuélvelo a usar, hasta que esa confianza esté siempre en ti.
Y este superpoder no es un secreto, así que también puedes contárselo a los demás y contribuir a extender la confianza.

NOTA 1: El vídeo de la charla TED de Amy Cuddy, psicóloga social, quien ha investigado esto:

 

NOTA 2: Para apuntarte a los talleres de Coaching con Cuento de esta primavera puedes usar estos enlaces siguientes para los lunes y para los martes .

Taller sobre creatividad y desarrollo personal

Los martes en el centro de Madrid, zona Alonso Martínez, va a comenzar un ciclo de talleres sobre creatividad y desarrollo personal.

Se llama Coaching con Cuento, porque escribir cuentos es lo que vamos a hacer para potenciar la creatividad. Y el coaching va a ser el marco para nuestro crecimiento y nuestro éxito.

Son varios talleres, uno semanal durante tres meses, para que entre todos sean un proceso de coaching. Aunque también se puede asistir a una clase en particular.

¿Sabías que la creatividad mejora el humor, potencia otras emociones positivas y facilita el flow (estados de alta concentración y alto rendimiento)?

Puedes reservar tu plaza aquí o enviándome un mail.

 

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