¿El trabajo te estresa?

El estrés se definía, y  se sigue utilizando en las conversaciones coloquiales, como lo que nos pasa,o lo que hacemos, respondiendo a una sobrecarga de trabajo o a un suceso que nos preocupa.
Usamos a menudo «estresante» para referirnos a nuestras circunstancias y a lo que nos rodea o nos ocurre.
Hoy en día, se define el estrés de una forma distinta: se pone el acento en la faceta interactiva entre la persona y el ambiente. No en nuestra respuesta, que es muy distinta de unos a otros, ni tampoco en los sucesos del entorno, puesto que, quizás a excepción de accidentes y hechos graves, cada uno los asumimos, o permitimos que nos afecten, de manera distinta.
El estrés es el resultado de la evaluación que realizamos cada uno sobre la importancia de los sucesos y nuestros recursos para afrontarlos. Lo que tenemos en común es que sufrimos estrés cuando creemos que nuestros recursos no son suficientes para responder satisfactoriamente a algunos sucesos importantes, para conseguir el resultado que queremos.
¿Parte negativa de esta nueva definición? Que ya no nos podemos quejar de lo estresante que es el trabajo, o hacer recados, o cuidar al perro…
¿Parte positiva? Que puedo no sufrir estrés de varias formas: pidiendo ayuda para hacer las tareas que sea, aprendiendo técnicas de relajación, analizando la situación de otra manera y viéndola menos negativa, inventando más opciones…
No sirve quitarle horas al sueño, es recomendable dormir ocho horas, y todavía es más importante cuando estamos estresados, nos ayudará a ser más eficientes en el tiempo que estemos despiertos y amortiguará las consecuencias negativas del estrés para nuestro estado físico.
Encontrar un hueco al día, o por lo menos a la semana, para realizar deporte, para meditar, para jugar o para realizar alguna actividad creativa, será también muy útil para sufrir menos estrés y para tener un estado de ánimo más creativo y eficiente.
En el trabajo, más concretamente, nos ayudará: pedir información más específica sobre el alcance y el plazo de las tareas, planificar con los recursos que podemos contar (recursos informáticos, bibliográficos, otra personas…) y sobre todo, dividir las tareas grandes en otras más pequeñas, más cortas y asequibles, que ésas, nos veremos muy capaces de hacerlas, con lo que bajará nuestro estrés y aumentará nuestra concentración y nuestro disfrute.
Y como para muchas otras situaciones, frente a un momento en que nos notemos estresados, también nos ayudará parar cinco minutos:  los primeros serán para respirar conscientemente y relajarnos, y los siguientes, ya con un estado de ánimo más tranquilo que nos permitirá ver más opciones, para planificar lo que haremos al respecto.

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