¿cómo plantearse las metas? (parte 1, objetivos PURE)

Todos tenemos objetivos y metas en esta vida, a nivel personal, social, profesional… Algunas son más claras y otras tienen más forma de intuición o deseo.

Con el coaching se trabaja sobre el objetivo del cliente y se realizan varios pasos para facilitar el logro. En este artículo encontrarás varios que podrás aplicar desde hoy a cualquier tipo de objetivo.

El primero es definirlo con claridad y en detalle, entenderlo en profundidad. Los objetivos que no son concretos son más difíciles de alcanzar en cuanto que son menos tangibles y, por tanto, menos motivantes. No es lo mismo querer vivir en una casa grande y bonita que concretar que tiene que tener un salón de más de 15 m2, estar a menos de diez minutos andando del mar, que además tenga una habitación para despacho y otra para invitados, el rango de precio, de antigüedad y de tamaño exigible…

Por una parte, definir más aspectos nos incita a ponernos en marcha para conseguirlo. Por otra nos motiva, somos capaces de ver el objetivo y sentirlo, y nos recuerda para qué lo queríamos (pasear viendo el mar me da energía, una habitación de despacho me ayuda para leer, me encanta tener invitados en casa…).

Y eso si lo comparamos con haber deseado una casa grande, porque a menudo no deseamos las cosas en positivo, sino que no queremos lo negativo y, aunque suene similar, no es lo mismo. Que no  sea pequeña no es igual a ser grande. No sufrir es diferente a disfrutar.

Éste es otro aspecto clave para decidir el objetivo: cuando deseamos que «no nos pase» algo negativo no estamos definiendo una dirección, simplemente un punto del que alejarnos, pero ¿hacia dónde vamos? ¿de verdad nos da igual, con tal de alejarnos?

Cuando estamos muy desanimados, muy molestos con algo, muy inseguros de nuestras posibilidades o capacidades, tendemos a huir de lo que no nos gusta, y está bien, pero eso no es un objetivo, es sólo es un punto de partida. Y una de las primeras formas para salir de esa mala racha es atreverse a desear cosas buenas, es imaginarse los detalles de eso positivo que queremos conseguir.

Otro bloqueo típico a la hora de conseguir un objetivo se da cuando no nos hemos planteado los posibles inconvenientes de conseguirlo. Por ejemplo, siguiendo con la casa, dónde esté y cómo sea puede afectar a mi vida familiar, a mis amistades que vivan lejos, a lo que tarde en llegar al trabajo, al tiempo que tarde en limpiarla o si tengo que contratar a alguien, a mis propios valores si se espera una forma de pago no declarada, a usar siempre el coche según su ubicación o si no hay transporte público, a las actividades de ocio que haya en los alrededores, …

No es grave que un objetivo tenga inconvenientes, muchos aspectos de la vida los tienen, la pregunta a hacerse es ¿cómo viviría yo con estos inconvenientes? ¿cómo puedo cambiarlos o minimizarlos?

Además, a menudo intuimos estos inconvenientes sin haberlos “pronunciado en voz alta”, y no nos acabamos de mover hacia lo que queremos, porque sabemos que al conseguirlo, perderemos otra cosa. En algún caso, hacerse este tipo de preguntas puede conllevar renunciar a ese objetivo, pero siempre será preferible descartarlo y cambiarlo por otro, a estarlo deseando y no hacer nada para conseguirlo por los riesgos que tiene.

Y finalmente por hoy, ¿estoy segura de que mi objetivo sólo depende de mí? De vez en cuando nos frustramos porque nos hemos marcado objetivos que dependen de otras personas, yo no puedo controlar caerle bien a Mengano, o que mi jefe sea menos controlador o que el mercado inmobiliario ponga en la zona que quiero precios que yo pueda o quiera pagar. Hay hechos que no se pueden cambiar y decisiones de otras personas que yo no puedo controlar. Pero puedo buscar la casa en más zonas, regatear con el vendedor, ahorrar más antes de comprarla… Se pueden encontrar acciones para disminuir los riesgos o para ganar influencia y control sobre los hechos.

En resumen, con un puñado de preguntas para hacerse seriamente sobre los objetivos, los vamos a tener mucho más cerca, vamos a encontrar la dirección para trabajar en su consecución y vamos a estar mucho más motivados para el éxito. Aquí queda el resumen de preguntas:

– Objetivos positivos: ¿Estás realmente marcando un objetivo, un deseo, una dirección para caminar? Cambia los «noes» de tu objetivo, ¿qué es lo contrario a lo que no quieres? ¿qué está en el lado de lo que sí quieres? ¿qué te gusta, qué buscas, qué te produce placer?

– Relevancia y Motivación: ¿para qué lo quieres? ¿cómo definirías tu objetivo más detalladamente? ¿qué cosas buenas aparecerán también en tu vida cuando lo tengas?, ¿cómo te motiva este objetivo para trabajar en él?

– Ecología y ética: ¿qué inconvenientes podría tener? ¿qué puedo hacer para minimizarlos? ¿cuáles afectan a otra faceta de mi vida o entran en contradicción con mis valores? ¿cuáles implican a otra persona que puede no aceptarlos? Y en función de las respuestas hay que retocar el objetivo, crear un plan para los riesgos o corregir los inconvenientes.

– Comprensible y controlable: ¿de qué detalles se compone? ¿de quién depende que los consiga? ¿qué acciones o pasos dependen de otras personas? ¿cuáles dependen de mí? ¿cuáles puedo modificar para que haya más aspectos completamente bajo mi control? ¿cómo puedo asegurarme de trabajar lo que esté bajo mi control?

Con estas preguntas se consigue un objetivo PURE, cuyas siglas representan: Positivo, Understood (Comprendido), Relevante y Ético.

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la comodidad o el cambio

¿Cómo elegir el cambio? Hay gente que se define como amante de la rutina y otra que dice que le gustan las novedades y la evolución. En lo que casi todo el mundo está de acuerdo es en que las cosas cambian y en el valor de adaptarse. Y a menudo para ello, es necesario cambiar… a nosotros mismos.

Y a veces da miedo, porque los cambios están fuera de nuestra zona de comodidad, la «zona de confort» del coaching. Y con comodidad no me refiero necesariamente a felicidad ni a placer, me refiero a lo conocido, lo cómodo, lo fácil. Es a menudo la comodidad de ese sillón viejo en el que no acabas de coger la postura mientras ves un programa de la tele que no te gusta, pero es que no echan otra cosa. A menudo es simplemente esa comodidad, que se basa sobre todo es estar, en dejar hacer, en conformarse con el sofá y con la tele.

Los cambios se consideran fuera del confort; donde está la comodidad del hábito, no hay espacio para los cambios. Éstos  pueden ser mucho más placenteros y felices, pero no son cómodos, no son rutinarios, no los tenemos en nuestro día a día. Hay que buscarlos. Exigen un esfuerzo, a veces pequeño, otras más grande, a veces durante poco tiempo y otras hay que insistir más, depende del cambio buscado.

Si el nombre dado a la zona de confort puede dar lugar a dudas, ya que a veces no es tan «confortable», el que se le da a la zona del cambio es mucho más apropiado: la zona desconocida. Porque ésa es su característica, es una zona con mucho potencial, de hecho puede mejorar la calidad de vida, es donde se encuentra el crecimiento personal, pero no es conocida, no es la zona cómoda y fácil. No quiere decir necesariamente que sea difícil, ni que sea incómoda, pero exige probar cosas nuevas, no habituales, adentrarnos en actividades que no conocemos, hablar con gente distinta, cambiar nuestros horarios…

A veces da miedo, pero cuando buscamos un cambio o queremos adaptarnos a uno impuesto, es allí donde encontraremos los recursos, las nuevas habilidades, las ideas originales que conseguirán la solución.

Y es que ese miedo a menudo es pequeño, es simplemente a lo desconocido, porque no hay que confundirla con la zona de pánico, que es la que queda más allá de la desconocida, en la que están las cosas que no nos atreveríamos a hacer «ni jartos de vino», la que nos puede poner la vida patas arriba en un instante. Con el coaching no se entra en esta zona, principalmente porque casi nunca nuestros objetivos están en ella, y menos a corto y medio plazo. Cuando estamos deseando cambiar algo, es porque no está tan lejos, es porque lo intuimos y lo queremos, porque con algunos pasos fuera de nuestra zona habitual, se encuentra.

Y cada vez que se dan esos pasos, nuestra zona de confort aumenta, cada vez que avanzamos, conquistamos un terreno de la zona desconocida. Y la zona desconocida aumenta también, haciendo que la frontera que comparte con la zona de pánico se aleje.

¿Dónde están los límites?

Se puede analizar con un ejercicio sencillo: pintando dos círculos en una hoja, uno dentro del otro. El interior es la zona de confort, el segundo círculo la zona desconocida y lo que queda fuera del segundo, la zona del pánico. Y luego se rellenan con palabras, frases: ¿qué hay en tu zona de confort? El trabajo, los compañeros, los jefes, las actividades y reuniones… La familia, las quedadas con los amigos, las tareas de la casa… Leer el periódico, ver la tele, jugar con los niños, salir un día al campo… ¿Qué rutinas, qué hábitos, qué tipo de pensamientos recurrentes?

¿Y en la zona desconocida qué puede haber? Apuntarse a esas clases de foto o de pintura, o de teatro, que llevas un tiempo pensando, quizás aprender inglés, o ir a una asociación de vecinos, a un grupo de lectura… ¿Puede que cambiar de trabajo, hacer más amigos, echarse pareja, decir que no a alguien o a algo?

Si las escribes en etiquetas, puedes colocarlas en el círculo que correspondan y moverlas según avances en tu vida. Otra posibilidad es cambiar de hoja tras un tiempo y hacer los círculos más grandes.

Las cosas de la zona desconocida se colocan más o menos lejos de la zona de confort según el cambio que nos supongan. La clave está en que, si están muy lejos y queremos avanzar en esa dirección, se ponen un par de etiquetas más en medio, etiquetas que indiquen pequeños pasos a dar para llegar a la última. Y darlos.

Y así, cada vez conocemos más cosas de nuestro entorno, de nosotros mismos y de lo que somos capaces, cada día conquistamos más terreno para nuestra comodidad.

¿para qué?

¿Para qué haces lo que haces? ¿Para qué te levantas por las mañanas? ¿Para qué trabajas? No siempre nos hacemos estas preguntas y, claro, perdemos de vista nuestras metas o, en el peor de los casos, nos perdemos de vista a nosotros mismos.

Te propongo una prueba de un minuto: apunta en un papel, o en una nota del móvil, o en un borrador de mail, tus respuestas a las preguntas del párrafo anterior y luego pasa al siguiente

Ahora que has respondido, te propongo estas preguntas: ¿Cuántos para qués has respondido? ¿Conoces tus objetivos? ¿Cuántas frases de tus respuestas empiezar por “para…”?

Si comienzan por “porque”, no te preocupes, es habitual. Todos mis clientes de coaching responden con “porque…” en las primeras sesiones. Estamos acostumbrados a contestar a más por qués que a para qués. Porque tengo que pagar la hipoteca, porque tengo que comer, porque si no, me despiden. Y eso tiene un gran inconveniente: el “porque” no señala hacia ninguna meta, sino que señala a nuestro pasado. Y es posible que no queramos que sea igual nuestro futuro. Hay quien dice que hoy eres la persona resultado de tus decisiones pasadas y que el futuro es el resultado de tu presente.

Otra posible respuesta, común al principio, es señalar con el “para” la siguiente pequeña acción ¿Para qué te levantas por las mañanas? Para llegar pronto a trabajar. ¿Para qué llegas pronto a trabajar? Para trabajar mucho ¿Para qué trabajas mucho? ¿Qué te da trabajar mucho que no conseguirías de otra manera?

Lo interesante es saber cuál es el “para” grande e interesante que hay después ¿Para ganar dinero y pagar la hipoteca? ¿Para desarrollarte con tu trabajo? ¿Para conocer a gente? ¿Para hacerte rico? ¿Para pasar el día? ¿Para poder irte de vacaciones? ¿Para aprender?

La razón de cada persona es distinta. Lo importante es que la que responda cada uno sea la suya, y que sea capaz de ponerle unos cinco «para qués» más, que lo haga para un fin mayor que le ilusione. Que seamos capaces de plantearnos nuestra vida sin necesidad de recurrir a porqués de otros, a  los de nuestros yoes pasados, a los heredados, a los de nuestra sociedad.

Cuando uno se plantea para qué a varias tareas del día a día se da cuenta de muchas cosas. La primera, que es difícil no empezar contestando «porque…» Responder «para … » requiere entrenamiento, no estamos acostumbrados. En segundo lugar, se suele descubrir que hay alguna tarea que se hace por inercia y rutina, porque siempre lo hemos hecho así, porque era lo que había que hacer, pero que hoy ya no nos convence, que hoy podemos hacer de otra manera, o que hoy vamos a dejar de hacer «porque, ¿para qué?»

Y, por último, es probable que encontremos un «para qué» muy motivador, que nos guste, que tenga detrás una meta grande, que nos dé ilusión y energía para hacer lo que se necesite cada mañana. Y ya no sea “lo que se necesite”, ahora será “lo que se quiere hacer”.

de propósitos a objetivos

Este año voy a cambiar los propósitos de año nuevo por objetivos para este año. Tengo una tabla con todos ellos escritos y con fechas de verificación y de consecución previstas.

La palabra propósito es demasiado cercana a intención, y con las intenciones no vale. Se parece a proponer, a propuesta, a proposición… de hecho, en la rae viene como primera definición “Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo.” y no es hasta la segunda que la describe como objetivo o meta. Y los objetivos que me he marcado son mis metas y no son mis intenciones. Podrán evolucionar y puedo modificarlos en el camino, pero son objetivos.

Cada vez se resalta más la importancia de tener claro el objetivo para poderse enfocar en él y estar atento a todas las pistas que aparezcan en el camino, con el fin de verlas, utilizarlas y conseguirlo. Tener en mente un objetivo, enunciado en positivo, que diga claramente lo que quieres, que esté descrito de forma motivante, es una de las cosas que te dirige hacia él.

Tener claro lo que no se quiere es útil, pero para definir lo que se quiere.

Tener la meta clara y por escrito es una gran parte a la hora de conseguirlo, para revisarla periódicamente, para darse cuenta de si se está yendo hacia ella, porque a veces se nos olvidan nuestros objetivos. Y unas veces es porque ya no lo son, porque hemos evolucionado, porque queremos otra cosa, y en ese caso basta con borrarlo. El problema es cuando se nos olvida porque nos hemos aturdido con mil quehaceres de la vida diaria, con distracciones, con cosas pequeñas pero que nos ocupan el tiempo y nos descentran. Y en ese caso hay que deshacerse de alguna distracción y volver a concentrarse en lo que de verdad queremos, en lo que de verdad nos importa.

  • -Minino de Cheshire -empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba -. Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.

-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.

– … siempre que llegue a alguna parte – añadió Alicia como explicación.

– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el Gato -, si caminas lo suficiente!

(de wikiquote )